La industria del arándano atraviesa uno de los períodos más desafiantes y dinámicos de su historia reciente. La combinación entre exigencias crecientes de calidad, presión logística, variabilidad climática y cambios en los mercados internacionales está redefiniendo los estándares productivos y comerciales tanto en Chile como en Perú, dos de los principales actores globales de esta categoría.
En este escenario, factores como la condición de fruta, la firmeza, la vida de postcosecha y la consistencia varietal han pasado a ser variables estratégicas para la competitividad exportadora. A esto se suma el impacto cada vez más evidente del cambio climático y fenómenos como El Niño, que han generado alteraciones relevantes en fisiología, productividad, calidad y comportamiento postcosecha de la fruta, afectando ventanas comerciales, manejo agronómico y desempeño en destino.
Para profundizar en estos desafíos y entender cómo la industria está respondiendo a este nuevo contexto, conversamos con Fernando Martino,(Gestión y Mercados), reconocido especialista de la industria frutícola y referente técnico-comercial en el desarrollo del negocio del arándano en Latinoamérica.
Fernando, considerando las proyecciones climáticas para 2026, ¿cuál crees que será el principal impacto del fenómeno de El Niño sobre la fruta de exportación chilena y peruana destinada al mercado europeo?
Respecto de Perú: debería suceder algo similar a lo ocurrido durante la temporada 2023/24, es decir, 6 cosas, todas interconectadas:
- Una reducción en el volumen exportable aunque es muy difícil estimar la magnitud de esa caída (en dicha temporada la producción cayó 30% respecto de la primera proyección),
- Ralentización de los embarques,
- Aplanamiento de la curva (bastante menos toneladas durante las semanas peak),
- Extensión hacia la temporada chilena para aminorar el impacto económico y el cumplimiento de programas pero en cantidades similares a un año normal,
- Afectación de la calidad promedio especialmente la segunda parte de la cosecha y
- Aumento en el precio en los momentos en los que Perú compite sólo y cuando se traslapa levemente con Sudáfrica y Chile.
Es cierto que la industria peruana se ha preparado para enfrentar de mejor manera este fenómeno que se sabe es cíclico y que se traspone con la mayor intensidad y variabilidad del cambio climático global, pero la madre naturaleza siempre tiene la última palabra respecto de la magnitud del impacto.
Una segunda derivada del impacto es en la planificación de los importadores y los supermercados. A diferencia del anterior fenómeno en que la información respecto del nivel de afectación fue llegando a cuentagotas, en esta oportunidad los importadores son más proactivos y van a Perú a hacerse una idea en terreno de la situación y las proyecciones.
Tendrán plan B que es adelantar conversaciones con proveedores en Chile para completar sus programas en caso que los pronósticos climáticos vayan despejando si se viene un “Niño Godzilla” o un “Niñito”.
En el caso de Chile, dónde el impacto es mucho más atenuado, esto representa una oportunidad manteniendo las cautelas en cuanto a embarcar la fruta correcta. Durante el anterior Niño, Chile embarcó en su último tercio alguna fruta que no debió haber sido exportada. Las distorsiones y rezago en el mensaje de que las estanterías estarían desabastecidas, que las tolerancias en calidad eran más bajas, y que los precios estaban por las nubes, se convierten finalmente en frustración para los productores por retornos iguales o peores que años normales, y una afectación de la imagen del arándano chileno que no parte de una buena base. Pero repito: la madre naturaleza tiene la última palabra. Temperaturas muy altas en diciembre y enero, y/o lluvia en cosecha en el período cambian el panorama.
Sabemos que Europa es un mercado extremadamente sensible a firmeza, condición y vida útil. ¿Está preparada hoy la industria sudamericana para sostener estándares de calidad bajo un escenario climático más inestable?
Una precisión a la afirmación de la pregunta: Europa es un mercado sensible a la firmeza y la condición, y muy sensible a la vida útil dado el tiempo que puede pasar desde que el barco llega a los puertos y el momento en el que finalmente un consumidor compra y posteriormente consume el producto. Pero también hay que decir que es muy sensible al precio. Y si la fruta de genética superior más firme proveniente de Marruecos se transa a Euro 10/kg mayorista, y la Chilena de firmeza razonable está a Euro 5/kg, y además se puede seleccionar en una línea, el importador de volumen que abastece a los hard-discounters alemanes optará por la chilena. Pongo énfasis en el concepto de “calidad razonable”: que sea fruta con porcentajes de embalaje de 80-85% al menos, un indicador altamente correlacionado con la calidad de la fruta si el importador equilibra los riesgos de rechazo con pagar un correcto FOB al exportador.
Hay al menos 2 cosas que se puede hacer para sostener un aprovisionamiento estable desde Sudamérica y ambas se están haciendo en ambos países: (1) renovación genética y (2) operación integral perfecta. La primera requiere capital (no al alcance de todos y con impacto de mediano plazo), y la segunda tiene un resultado inmediato pero requiere experiencia en el negocio y en la gestión de las operaciones. Respecto de la genética: Perú tiene esta gran posibilidad de poder observar y evaluar el comportamiento de nueva genética en poco tiempo y con una amplísima oferta “no-” o “low chill”.
Para Chile la transición es más lenta y la oferta bastante más restringida, pero un paso intermedio que se ha estado implementando como se observa en las estadísticas de exportación, es reemplazar variedades más tradicionales, de bajos rendimiento y postcosecha frágil, con aquellas que no tienen mayores restricciones de patente ni comerciales, que en general son mejores en ambos aspectos y que ya están ampliamente probadas en el país (ej. Blueribbon, Suzible) .
Respecto de la calidad en la planificación y ejecución de las operaciones: «puede parecer obvio que manejar correctamente el campo, cosechar en el momento preciso, tomar los resguardos y tratamientos preventivos de postcosecha, enfriar rápido y bien la fruta, acelerar el embarque en los tiempos y condiciones correctas, aumenta la probabilidad de tener un mejor porcentaje de embalaje en destino». Pero basta que una de estas acciones y procesos se ejecuten en forma subóptima para que se produzca una reacción en cadena acumulativa aguas abajo que casi siempre se traduce en enormes pérdidas económicas, de reputación y confianzas.
En síntesis: «a mayor variabilidad e impredecibilidad climática, la peor receta es hacer más de lo mismo sobre todo si las cosas no se están haciendo bien, o peor aún, no tener visibilidad sobre qué cosas se están haciendo de forma subóptima».
¿Qué tan determinante será la logística este 2026 considerando posibles lluvias, interrupciones portuarias o retrasos internos asociados a El Niño, especialmente en Perú?
Recientemente le escuché decir a un ejecutivo comercial en un podcast que incluso teniendo un gran plan comercial, una mala gestión logística puede arruinarlo todo. Puedes proyectar un gran precio con contratos maravillosos, pero si no eres capaz de mover la fruta del punto A a B, en las condiciones y tiempos correctos, los resultados son amargos. La logística en Chile se estresa a fines de año por las fiestas, el atochamiento por cerezas y peak de arándanos, pero hasta en pandemia el sistema logístico chileno respondió y muy bien. Sobre Perú no puedo opinar mucho, pero entiendo que en corto tiempo ha sofisticado su cadena logística, y seguro están mucho mejor preparados que hace 5 o más años. Ahora bien, la intensidad de El Niño dirá si esa mejor preparación e infraestructura será suficiente para enfrentar estos posibles eventos disruptivos mayores.
En temporadas anteriores se observaron problemas de sobreoferta y pérdida de condición en destino. ¿Cree que El Niño podría amplificar este riesgo debido a fruta con menor vida de postcosecha?
La sobreoferta en determinadas semanas es una situación estructural que es menos compleja de manejar en Perú que en Chile. El aplanamiento de la curva de embarques de Perú durante el peak de la temporada recién pasada es la evidencia. En el caso de Chile en que 80 millones de kilos se embarcan en 10 semanas y que fundamentalmente van a 2 mercados (EU/UK y EEUU) representa una rigidez estructural mayor.
En un escenario en que en las primeras semanas de enero llegaron a EU cerca de 9-10 millones de kilos por semana combinados Chile y Perú, la fluidez del movimiento de la fruta a lo largo de la cadena se ve afectada y los clientes discriminan siguiendo la lógica “calidad/precio” incluso existiendo programas comprometidos en volumen y precio. El Niño probablemente afectará al menos dos variables: cantidad y calidad.
Es obvio que al haber un menor flujo de fruta por unidad de tiempo, el precio sube y que las tolerancias de calidad bajan pero sólo hasta cierto piso. Habrá que monitorear como se mueven estas dos variables desde las primeras llegadas.
¿Qué rol jugarán la genética varietal, la tecnología de frío y el manejo de postcosecha para enfrentar una temporada potencialmente compleja en Chile y Perú?
«Esto tiene que ver con cómo se gestionen las operaciones en la cadena completa, independiente de si se plantó o no genética superior. Cada vez hay menos margen de error para una gestión subóptima, especialmente en aquellos puntos más críticos como los mencionados en la respuesta a la pregunta 2. Lo que está bajo control es cuán óptimamente gestionamos las operaciones a lo largo de toda la cadena y con una mirada sistémica».
Finalmente, ¿crees que el fenómeno de El Niño 2026 marcará una diferencia competitiva entre empresas que solo producen fruta y aquellas que realmente gestionan calidad y postcosecha de manera integral para mercados lejanos como Europa?
Si lo que menciona ya hace enormes diferencia en los resultados económicos en un año “normal”, ante fenómenos climáticos extremos como podría ser un Niño Godzilla (esperemos que no sea así), los errores en la gestión de la cadena se magnifican. Un ejemplo: aun cuando las tolerancias se flexibilicen por menos fruta llegando al mercado, los resultados de embalaje pueden bajar de 90% a 60% o incluso menos.
Esto es, «por cada 1,000 kg que llegan a la línea de proceso en Europa en formato granel, el porcentaje de fruta embalada puede bajar de 900 kg (que finalmente son pagados) a 600 kg o menos por una calidad afectada. Es decir 300 kg que en vez de pagarse a Euro 6 por kilo embalado (por ejemplo) se pagan a Euro 0,5/kg para congelado. Un contenedor de 20 toneladas que en año normal podría valer Euro 109,000 puede bajar a Euro 76,000 o menos». Ni hablar si por escasez de fruta el precio es de Euro 8 o más. Lo anterior asumiendo que la logística funciona a la perfección.
Fernando, es Ingeniero agrónomo de la Universidad de Chile. MSc Universidad de Newcastle. 20 años de experiencia en el negocio de los arándanos ocupando cargos gerenciales en distintas etapas de la cadena de valor exportadora en grandes empresas verticalmente integradas. Actualmente es consultor en operaciones de exportación y exportador de arándanos frescos desde Sudamérica a la Unión Europea.